Mimosas
La Mimosa es más que un cóctel: es una celebración en sí misma.
Su brillo dorado, su sabor ligero y su aire despreocupado la han convertido en la bebida oficial del brunch, los cumpleaños improvisados y las mañanas que merecen burbujas.
Pero detrás de esa aparente simplicidad, este clásico esconde una historia deliciosa y varios secretos dignos de descorchar.
1. Nació en el Ritz de París (con mucho estilo)
Corría el año 1925 cuando Frank Meier, bartender del legendario Hotel Ritz, decidió mezclar a partes iguales champagne y jugo fresco de naranja.
El resultado fue un cóctel luminoso, elegante y perfecto para beber a cualquier hora del día.
Desde entonces, la Mimosa se convirtió en sinónimo de lujo informal y encanto francés.
2. Su nombre proviene de una flor dorada
La Acacia dealbata, conocida como flor de mimosa, florece en invierno y sus pétalos amarillos evocan el color del cóctel.
El nombre fue un homenaje visual: una bebida que captura la luz del sol incluso en los días más fríos.
3. Tiene una hermana mayor (y más fuerte)
Antes de la Mimosa existió el Buck’s Fizz, creado en Londres en 1921.
La diferencia es que el Buck’s Fizz lleva más champagne que jugo, por lo que su espíritu es un poco más rebelde y menos inocente.
Podría decirse que la Mimosa es la versión elegante y equilibrada de su prima inglesa.
4. Fue el cóctel favorito de la realeza y Hollywood
Se dice que la reina Isabel II la disfrutaba en sus desayunos oficiales, y que Alfred Hitchcock la popularizó entre las estrellas de Hollywood en los años 60.
A partir de entonces, ninguna mañana de lujo volvió a servirse sin una Mimosa en la mano.
5. Su secreto está en el equilibrio (no en el lujo)
Aunque muchos creen que la clave está en el champagne, el verdadero secreto es la proporción.
La fórmula perfecta es 50/50: partes iguales de burbujas y jugo natural de naranja.
Un truco de bartender: enfriar ambos ingredientes antes de mezclarlos y servir en copa flauta para conservar la efervescencia.